Beijing impresiona desde el primer día. Es una ciudad de dimensiones enormes que conserva palacios imperiales, callejones tradicionales y una vida moderna que no se detiene. Para un primer viaje conviene llegar con algunas cosas claras, porque varias costumbres diarias funcionan de forma distinta a como estamos acostumbrados.
Antes de salir
Comprueba los requisitos de entrada vigentes para tu nacionalidad, porque han cambiado varias veces en los últimos años. Resuelve también la conectividad antes de subir al avión: una eSIM para Beijing instalada desde casa te permite llegar con datos activos, ubicarte y pedir transporte desde la terminal, sin buscar una tienda a la llegada. Además, algunas aplicaciones y servicios que usas a diario pueden comportarse de forma diferente en China, así que descarga mapas, traductor y reservas con antelación y revisa cómo funcionan allí.
Pagar y moverse
El pago móvil domina la ciudad. Alipay y WeChat Pay se usan hasta en puestos callejeros, y el efectivo se acepta menos de lo que cabría esperar. Conviene vincular antes de salir una tarjeta internacional a una de estas aplicaciones y llevar algo de dinero en metálico como respaldo. Para moverte, el metro es rápido, claro y barato, y las aplicaciones de transporte con conductor funcionan muy bien.
Imprescindibles
La Ciudad Prohibida exige reservar entrada con antelación y presentar el pasaporte, y suele cerrar los lunes. El Templo del Cielo es mejor a primera hora, cuando los vecinos hacen taichí y ensayan música en los jardines. La Gran Muralla se visita desde Mutianyu, más tranquila, o desde Badaling, más cercana. Completa con el Palacio de Verano, un paseo por los hutongs y, por supuesto, el pato laqueado.
Cuándo ir
La primavera y el otoño son las mejores épocas, con temperaturas suaves y cielos más despejados. En verano hace calor y humedad, y en invierno el frío es seco e intenso. Calcula al menos cuatro días para ver lo esencial sin ir con la lengua fuera.



